sábado, 15 de septiembre de 2012

Cáceres, cerrado por falta de uso (VI)



Uno de los indicadores más claros de la mortecina, agonizante situación de la ciudad de Cáceres la encontrarmos cuando queremos unir dos conceptos: juventud y cultura. El resultado de la suma es 0. O algo menos que 0. La realidad de una juventud sin perspectivas laborales y sociales, aborregada por los intereses de una burguesía que quiere perpetuarse en el poder, se observa en la ausencia total de iniciativas, públicas o privadas. Una ciudad sin pulso cultural y sin juventud está condenada a la pobreza de futuro, a la carencia total de porvenir.
Si nos fijamos en los “espectáculos” que se realizan, dirigidos a los jóvenes, casi todos ellos en el reciento hípico, adonde la derecha desplazó el botellón y construyó unos abominables embarcaderos de ganado para los autobuses urbanos, siempre están “patrocinados”, cuando no organizados directamente, por empresas de bebidas alcohólicas.
Con una burguesía que ha abdicado de cualquier capacidad de dirigir la política de la ciudad, de dirigir con liderazgo el futuro de la ciudad, es imposible pensar que el eslabón más débil, los jóvenes, tengan ningún referente, ninguna posibilidad de desarrollar sus capacidades y su creatividad.
La juventud creativa, activa, comprometida es el mayor peligro que unos viejos políticos, que defienden unos viejos dogmas, tienen enfrente. Por eso, no pueden permitir que esa juventud disgponda de unos mínimos medios necesarios.
En este repaso a los cadáveres voluminosos que son edificios públicos cerrados por falta de uso, nos encontramos con uno especialmente sangrante. El antiguo Molino de Aceite de la Riber del Marco.

Obtenido para la ciudad en el desarrollo del Sector de Suelo Urbanizable No Programado SUNP-8, en 2004 (aunque todavía en 2008 no figuraba en los listados del inventario de patrimonio municipal), su recuperación se pudo llevar a cabo por un convenio entre el Ayuntamiento de la ciudad, dirigido por Carmen Heras, y el Instituto de la Juventud de España, presidido por Leire Iglesias.
El viejo molino, cuya torre se yergue distintiva de todo un barrio, Espíritu Santo, y cabecera de la Ribera del Marco, se encuentra terminado, con una reciente adjudicación (¿o no?) del mobiliario necesario para su puesta en funcionamiento... Pero he aquí el problema.
Una edificación que, cuando pueda visitarse resultará atractiva y novedosa, sorprendente para quienes conocieron el molino, está diseñada para que los jóvenes puedan desarrollar su creatividad, poner en marcha sus iniciativas... Una edificación que, seguramente, por la estructura recuperada y por la disposición de los volúmenes interiores planteará alguna dificultad... que los propios jóvenes sabrán, sin ninguna duda, resolver.
Es penoso que el equipo de gobierno del Partido Popular, ensimismado en unas cuentas que no son capaces de ordenar (no hay que olvidar que, disponiendo de mayoría absoluta, prepararon un plan económico que su propio partido rechazó en Madrid), amortajado por los hábitos de los cofrades, escondidos bajos los refajos de los antiguos grupos de coros y danzas, es penoso verlos vagar sin saber que hacer con un edificio preparado y destinada para la creación joven.

Pasear por la Ribera, y llegar al molino, desanima al verlo nuevo y viejo, nuevo y vacío, nuevo y sin alma. Pasear desde el molino hacia Concejo, por la Ribera que abrazó a la ciudad, desanima porque parece que se sale de un cementerio blanco y se va llegando a la fachada Este de la ciudad, la “más fea”, pero la más hermosa porque ella es el origen de la ciudad.
Una ciudad mortecina, agonizante, incapaz de abrir una puerta del Espacio para la Creación Joven y que sean los jóvenes los que devuelvan su música, sus pinturas, sus creaciones, sus ideas. ¡Ah, las ideas! ¡Qué peligro! Sobre todo cuando todo ello junto sería cultura.
Vale.

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