viernes, 8 de agosto de 2008

Texas, el profundo sur americano

La noticia de hoy en Texas es la ejecución de la sentencia a muerte de un inmigrante hondureño, Heliberto Chi. Es el segundo inmigrante ejecutado en el estado de Texas, en el profundo sur americano, en cuarenta y ocho horas, después de que lo fuera el mejicano José Ernesto Medellín.
En el profundo sur americano, en el estado del que Arbusto (Bush para sus amigos) fue gobernador, la pena de muerte está vigente y se aplica incluso por encima de los derechos humanos: a José Ernesto Medellín se le negó la ayuda consular de su país.
Pero en el profundo sur americano, en la tierra en la que se ejecuta a inmigrantes y a negros, la vida es bella, sobre todo en Crawford, con mesas diseñadas a la altura de los más bajitos, para que sus pies puedan llegar a ellas.
La historia de la condena a muerte y ejecución de José Ernesto Medellín y Heliberto Chi no es común ni paralela. La realidad, sí, la realidad ha hecho que ambos presos coincidieran en el mismo penal, que ambos se hicieran amigos, porque les unían las mismas cosas: una lengua común, el castellano, y una sentencia a muerte.
La pena de muerte es una aberración del ser humano, que los Estados Unidos mantiene sin ruborizarse, y que no suscita críticas de otros países, mientras que súbditos norteamericanos, muy concienciados ellos, se manifiestan en Pekín para pedir libertad religiosa en China.
Es la muestra palpable de una sociedad, la norteamericana, que ha hecho de la hipocresía su única razón de existir.
Vale.

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