domingo, 13 de febrero de 2011

Egipto. ¿Revolución? No, golpe de estado militar

Los sucesos de Egipto, que han culminado con la salida del poder de Hosni Mubarak, con destino al balneario de Sarmh El Seik, ha sido televisados al minuto para todo el mundo. Los manifestantes, en la plaza Tahrir, han aguantado 19 días hasta que se les anunció la marcha Mubarak. Algunos, han tildado los sucesos de Egipto como una revolución, pacífica. Y en otros muchos, ha cundido el “ejemplo”, de manera que han hecho de esa presunta revolución, una bandera (¿llegarán a las banderías?) de lo que son la democracia y el poder de los ciudadanos.
Sin embargo, lo sucedido en Egipto, después de lo ocurrido en Túnez (por cierto, ¿cuál es hoy la realidad de Túnez, mes y medio después de las revueltas?), no ha sido ni una revolución ni es un ejemplo de democracia, para nada. La inhibición de los Hermanos Musulmanes en la organización de las manifestaciones de Egipto hacen pensar que el islamismo radical egipcio no consideraba la situación suficientemente madura para capitalizar las revueltas. Madura para sus intereses. Han sido meros espectadores, sin duda esperando una mejor ocasión.
Lo sucedido en Egipto ha sido algo bastante menos romántico que una revolución y bastante menos ejemplarizante desde el punto de vista democrático. Es cierto que al hilo de unas manifestaciones, surgidas por la carestía creciente de productos básicos, la inacción del gobierno de Mubarak ha propiciado una creciente suma de descontentos con el régimen. Solamente al final, con subidas de salarios y alguna otra medida, cuando ya se llevaban más de quince días de manifestaciones, reaccionó la dictadura.
Mientras todo esto sucedía, el ejército ha permanecido a la espera. Los mandos militares egipcios, entrenados y formados al modo de las necesidades USA, han guardado el régimen y han guardado sus relaciones con los egipcios. ¿Por qué? Porque las protestas, como en el fútbol, no iban contra los jugadores (Egipto era y sigue siendo, un régimen militar), sino contra el palco. Los jugadores, por tanto, no han visto peligrar su estatus.
Y cuando las protestas han supuesto el final del mando de Hosni Mubarak, los jugadores han asumido su papel. Es decir, los militares han asumido el poder (o, mejor dicho, han quitado al presidente del palco) y ya podrán poner a otro.
Porque, no se olvide, en Egipto habrá elecciones a la presidencia cuando la cúpula militar tenga un candidato capaz de ganar las elecciones, o cuando estén en condiciones de convocar unas elecciones en las que tengan previamente asegurada la victoria.
En Egipto, como en Túnez, no ha habido ninguna revolución. La revolución habría sido acabar con el régimen militar. Lo que han conseguido los egipcios es quitar a Hosni Mubarak. Nada más.
Vale.

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