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lunes, 18 de marzo de 2013

Maltratos, torturas. Realidad y lugares comunes.


Ayer, 17 de marzo, el diario El País hacía público un vídeo en el que un grupo de militares, al parecer pertenecientes a la Agrupación “Plus Ultra”, patea a unos irakíes detenidos en la base de Diwaniya. El vídeo es la muestra de un comportamiento execrable, cuyos responsables por acción (los ejecutores de la agresión), por omisión (los que no pusieron los medios para evitar que se produjera la agresión) y por complicidad (los que, si conocieron los hechos, no adoptaron las decisiones de mando que correspondía tomar).
También ayer, cuando el asunto comenzó a tomar cuerpo en la red, especialmente en twitter y facebook, se pudieron apreciar dos cuestiones que conviene diferenciar para colocar el asunto en sus justos términos. En primer lugar, la información pura y dura, y, en segundo lugar, la cascada de estereotipos y lugares comunes.
En el primer caso, la exclusiva de Miguel González, periodista de El País especializado en cuestiones de Defensa y Seguridad, no es, propiamente, una exclusiva ex nuovo, sino la continuación de múltiples noticias publicadas en dicho medio desde la muerte de 7 agentes españoles del CNI en un atentado en Irak, la guerra de Irak en la que el irresponsable Presidente del Gobierno, José María Aznar, y sus ministros y diputados aplaudidores, metieron a nuestro país. De aquel ataque que sufrieron los 7 agentes del CNI resultó la detención del iraquí Al Mayali, que trabajaba de traductor de español. Al Mayali fue detenido por las tropas española, y entregado posteriormente a la autoridad militar norteamericana.
Una de las primeras crónicas sobre Al Mayali que llegó a España fue la remitida por el periodista Gervasio Sánchez y publicada en El País en 2004. Desde entonces, fueron bastantes las informaciones publicadas por dicho medio, entre ellas, las peticiones de Al Mayali de que fuera investigada su detención y también las torturas que le fueron infligidas.
Ayer, con la publicación del vídeo, el periodista Miguel González destacaba en su cuenta de twitter que era la primera vez que existían pruebas de lo que reclamaba Al Mayali, y que lo había hecho incluso por la vía de Amnistía Internacional. Con independencia del modo en que González haya tenido acceso al vídeo, se trata de un testimonio informativo de primer orden. A esta exclusiva respondió, también por twitter, el periodista Gervasio Sánchez, que acusó a El País y a Miguel González de cierta hipocresía, al haber publicado la información 9 años después de que ocurriera. La red se convirtió en un rifirrafe entre ambos periodistas, sumando adeptos en mayor número Gervasio Sánchez, extraordinario profesional, que trabaja de freelance, frenta Miguel González, también reconocido profesional, pero en la plantilla de El País (mejor dicho, todavía en la plantilla del periódico de PRISA).
De esta polémica resultamos ganadores los que buscamos información. Y la encontramos en las múltiples crónicas sobre el asunto publicadas en El País, y los datos “contra crónica” que mueve Gervasio Sánchez.
En el segundo caso, la cascada de estereotipos y lugares comunes sobre torturas, maltratos, fuerzas armadas y soldados en un país como el nuestro en el que la memoria colectiva de un ejército intervencionista no ha desaparecido (como tampoco ha desaparecido el franquismo sociológico que permite que esté gobernando un partido fascista con mayoría absoluta). Sobre estos estereotipos o lugares comunes nada que objetar. La realidad, sin embargo, es otra.
Los hechos denunciados por El País requieren, ya lo hemos dicho, investigación y castigo con agilidad y transparencia. Porque de una adecuada gestión de estos hechos conocidos ahora dependerá que muchos estereotipos puedan caer. Quien más interesado debe estar es el Ejército de Tierra. La Agrupación “Plus Ultra” estaba compuesta en su mayoría por efectivos de la Brigada Mecanizada XI, de la Base General Menacho, en Badajoz. El jefe de la Agrupación era el General de Brigada Fulgencio Coll, al mando de la BRIMZ XI y que tuvo a su cargo, posteriormente, la creación de la UME y ascendió al cargo de Jefe del Estado Mayor del Ejército (JEME).
La investigación debe ser transparente, ágil y alcanzar a todos los comportamientos, no solamente este caso, si los hubiera, porque será el camino para que quienes tienen marcados elementos en absoluto veraces ni reales, puedan tener la tranquilidad de que los hechos se castigan, y que se ponen los medios para evitar que se repitan.
La realidad, para quienes tenemos algún conocimiento del trabajo que hacen las fuerzas armadas españolas en las misiones internacionales es de un comportamiento general justo, eficaz y que tiene el horizonte del respeto a los derechos humanos marcado en todas sus instrucciones.
Esperar a una investigación “siguiendo los caminos del conducto reglamentario” será el pasaporte definitivo a consolidar estereotipos y tópicos que tanto perjudican el trabajo de los soldados. Hacer que la investigación sea rápida, eficaz, transparente y real será una vacuna doble: contra nuevos accesos de maltratadores y para poner sordina a tanto daño nacido, en muchas ocasiones, de la falta de información.
Vale.

jueves, 10 de enero de 2013

Industria cultural y provincias



El diario El País publica un extenso informe sobre la caída de la “producción” de la industria de la cultura en España como consecuencia de la situación general de crisis económica, agravada por la decisión del gobierno del Partido Popular de aplicar a la cultura un IVA del 21% (http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/01/09/actualidad/1357761659_022842.html

Hacia final del año 2012, el “mundo de la cultura” en Cáceres se vio sacudido por la decisión de Caja de Extremadura de retirarse con sus fondos de Obra Social del apoyo y patrocinio de actividades culturales, comenzando por su salida del Consorcio Gran Teatro, responsable, entre otros acontecimientos, del WOMAD. El presidente del Ateneo de Cáceres, Esteban Cortijo, señalaba este abandono de la entidad de ahorro y de las consecuencias que podría tener en un artículo publicado en un periódico local. 

La situación general a que se refiere El País incide, si cabe, aún más en la situación en la que las actividades culturales habían quedado en Cáceres. Muchos de los artistas, gestores, animadores socioculturales, la mayoría, casi, han quedado como las tortugas cuando se les da la vuelta sobre su caparazón y son incapaces de retornar a su posición normal en mucho tiempo para continuar su camino. 

El páramo cultural se extiendes, la desertización avanza y en ciudades como Cáceres quedaremos huérfanos, viendo en los “medios” de comunicación que las referencias culturales son las procesiones de semana santa y las cofradías. Y poco, muy poco más. 

A ello hay que añadir el lastre que supone en una pequeña capital de provincia que “los artistas” viven encerrados en su mundos, en sus mundos particulares, que hasta hace poco eran los de Yupi y que ahora son mundos inertes, tristes (más todavía) y sin futuro. 

Esos mundos de Yupi que en los últimos años han servido para que algunos, arropados en una especie de sociedad de socorros mutuos, en una camarillas tan secretas como estériles, parecieran asemejarse a artistas y creadores pero que con la ausencia de fluido monetario, escaso pero seguro, se llamaban creadores y ahora, cuando ya no se atisba ni un hilillo de ese fluido, adormecen su espíritu creador, acosados por una parálisis imaginativa superlativa y esperan, como las tortugas, que una cuenta corriente amiga les dé la vuelta y les recuerden que son creadores. De nada, pero creadores. 

Siempre ha sido un tópico en España, en la vieja España, que la miseria ha sido el origen de las más altas cumbres creadoras. Un tópico. La miseria, en cultura, solamente produce más miseria. 

Las capillitas locales, esas camarillas que pululan en torno a un “animador sociocultural”, sea blanco o negro, pero agraciado o agraciada con un presupuesto público, se han escondido, agazapadas, esperando que algún político con mando en plaza mueva un dedo. Entonces, saldrán de sus madrigueras, como hienas (esos animales que comen carroña, están en celo sólo una vez al año y encima se ríen, no se sabe por qué) para despedazar las dádivas y a quienes se acerquen a ellas. 

Mientras, la cultura que veamos o que nos quieran hacer ver será aquella que salga de las sacristías y cenáculos similares. 

Vale.